
Icono pintado por Donna Rathert

Icono pintado por Donna Rathert
Paradoja 1. Así como los aludidos Manal encontraron su magistral forma de traducir el blues filtrando por el tango y la bohemia intelectual, el anclaje del rap local fue la pura importación. Paradoja 2. Aún tildados de acomodados o chetos, los adolescentes Illya Kuryaki & the Valderramas (previa parada en éxito crossover de Jazzy Mel) consiguieron una (de) forma audaz, grosera a veces y b-l-a-n-c-a de hacer lo suyo, de manera bastante elocuente. Y, vale decir, bastante más efectiva que un pelotón de bandas y solistas que quisieron impresionar primero con credenciales de pandilla, para terminar haciendo agua a la hora de poner en práctica el factor musical.Con la Umbanda y las religiones afrobrasileñas se hace de todo. Con el pretexto de que "también son cultura" se las (re)presenta de las maneras más diversas.
Este programa de 1978 resulta bastante chocante en un primer momento. Según dice el conductor, motivó una polémica en aquel entonces. Sin embargo, uno puede pensar que versiones de música religiosa afrobrasilera hechas en clave de música "culta" (Virginia Rodrigues, por ejemplo) suelen estar bien vistas. Con música más popular, considerada chabacana, cuesta aceptarlo -es como si Donald se hubiera hecho umbandista.
Para compensar, en otras religiones también están los "padres cantores" y los muy diversos géneros de música evangélica (gospel, rap, chamamé, etc.) que mezclan alegremente lo sagrado y lo profano.
Cuál es el límite?
Fuente del video: http://www.youtube.com/watch?v=hJxMjYRJQhE´
Gracias a Juan Batalla por avisarme...
Si uno se pregunta qué grado de apreciación social podría tener un afroargentino en, digamos, 1940, esta nota aparecida en una revista local quizás nos dé una pista.
Agradezco a Cecilia Galera




Otro ejemplo paradigmático es el del pianista, compositor y director de big bands Duke Ellington, a quien en la década del treinta se le tomaban fotografías que hacían honor a su apodo:

Sin embargo, Ellington fue uno de los primeros músicos negros de jazz en realizar reivindicaciones raciales públicamente, como en las declaraciones al New York Times de 1928 en donde señalaba las condiciones de segregación laboral que debía afrontar en el famoso Cotton Club: “Ellos no dejan mucho espacio para el hombre de color excepto en el escenario, donde me dicen que debo tocar Jungle Music” (nombre con el que se conocía a un estilo del jazz swing, que entre otras cosas incorporaba sonidos que se asemejaban a los de los elefantes, monos y leones). La construcción de la sofisticación de Ellington no tenía que ver entonces, solamente, con que su música lo fuera (y de hecho lo era), sino con su audiencia potencial, blancos sofisticados y por qué no, negros sofisticados de la costa este.
Aquí abajo una de las tapas más conocidas de este sello: la del disco Blue Train que presenta a un reflexivo y meditativo John Coltrane, uno de los más grandes saxofonistas de la historia del jazz, en una actitud típica de la plena producción artística, tal vez el momento previo a la perfomance o de escucha de lo que están tocando sus compañeros.
